Continuando con mi anterior entrada, voy a seguir con el resumen de mis obras favoritas que ver en el Museo del Prado.

 

Las meninas, Velázquez (1656)

qué ver en el Prado

No cabe duda de que Velázquez es uno de nuestros mejores pintores, y cualquiera de sus cuadros podría estar entre mis favoritos. Quizás elegir este suene un poco tópico, pero siempre ha sido muy especial para mi.

La primera vez que visité el Prado, en una excursión del colegio, me quedé completamente enamorada. Su tamaño impresiona, es obvio, pero también la vida que desprende. Es un retrato regio, por la presencia del rey Felipe IV, su mujer y la pequeña infanta Margarita. Pero sin embargo parece una escena cotidiana improvisada, no por ello menos perfecta.

El cuadro muestra el taller de Velázquez (pintor real) en el palacio. La infanta Margarita ha ido a ver cómo pinta, acompañada de su séquito. Sus damas de compañía, o meninas, la dama de honor, el guardadamas y dos enanos. Entonces entran los reyes (a los que se ve reflejados en el espejo del fondo) y todos los personajes reaccionan a su presencia. Velázquez deja de pintar, una de las meninas empieza a hacer una reverencia, la infanta les mira. Y es ese momento, de apenas un segundo, el que retrata Velázquez.

Ahora que entiendo de arte, diría que lo que más me gusta del cuadro es la perspectiva aérea. ¿Y qué es eso?, os preguntaréis. Pues el uso de la luz y el color para aportar profundidad a la imagen. Si os fijáis, las figuras del fondo tienen colores menos intensos y bordes más borrosos. Es como si se dibujase también el aire que las rodea, el espacio en sí. Velázquez era un auténtico genio de esta técnica.

Como detalle curioso os contaré algo. Velázquez intentó durante mucho tiempo entrar en la selecta Orden de Santiago. Al final lo consiguió por la influencia de Felipe IV en 1659. Si este cuadro se pintó en 1656, ¿cómo es que lleva la cruz dibujada en su ropa? 🤔 Se da por supuesto que la añadió el pintor cuando consiguió esta distinción, pero Velázquez murió en 1660 así que tampoco tuvo demasiado tiempo…

Como explicación hay una leyenda que dice que fue el rey el que la pintó. Velázquez llegó a ser su amigo y, para homenajearle tras su muerte, le dibujó la cruz en el pecho. En realidad no parece muy probable, pero es un gesto tan bonito que me gusta pensar que es cierto. 

 

Las hilanderas o la fábula de Aracne, Velázquez (1655-1660)

Hilanderas

Este es uno de los últimos cuadros de Velázquez y también uno de los más difíciles de interpretar.

A nivel técnico apreciamos otra vez la anteriormente citada perspectiva aérea. También llama la atención la pincelada tan suelta que utiliza, que parece adelantar el Impresionismo doscientos cincuenta años. Pero lo interesante para mí es la fábula mitológica que representa.

La diosa Atenea era la inventora de la rueca y diosa de las artes. Había una joven llamada Aracne que tejía tan bien que decía ser mejor que la propia diosa. Esta se disfrazó de anciana y fue a su taller a decirle que debía ser más humilde. Aracne no la escuchó y le dijo que incluso podría ganar a la diosa si compitiesen en tejer el tapiz más bonito. Atenea se quitó el disfraz y aceptó el reto.

La escena del cuadro retrata justo el momento del concurso. Aracne, a la derecha y de espaldas, trabaja en su tapiz. A la izquierda, la diosa Atenea con cara de anciana pero pierna juvenil, teje en la rueca. Que por cierto, increíble representación del movimiento de esta 👌🏼

Al fondo de la pintura vemos el desenlace de la histora. Atenea eligió el motivo de su victoria en la batalla que dio nombre a la ciudad de Atenas. Aracne, que era una imprudente, optó por un tema más delicado. Se le ocurrió representar las historias de los amoríos de Zeus, entre ellas el rapto de Europa, que es la imagen que vemos en el cuadro.

Atenea era hija de Zeus así que, evidentemente, no le hizo ninguna gracia. Destruyó el tapiz y convirtió a Aracne en araña para que siguiese tejiendo para siempre.

¿Moraleja? Nada de ser orgullosos, ni de escupir al cielo.

 

Saturno, Goya (1820-1823)

SaturnoGoya vivió hasta los 82 años. Tuvo tiempo de experimentar momentos de gran éxito profesional, como ser pintor de cámara de Carlos IV, trabajar para la Real Fábrica de Tapices o dirigir la sección de pintura de la Real Academia de San Fernando.

Pero también experimentó duros golpes personales como la muerte de casi todos sus hijos, una grave enfermedad que le dejó sordo o los difíciles tiempos de la invasión francesa y la Guerra de la Independencia.

Quizás por eso la última década de su vida la pasó más aislado del mundo, y su amargura se hace patente en las llamadas “pinturas negras”.

En 1819 compra una casa al lado del Manzanares, que sería conocida como la Quinta del Sordo (qué sentido del humor tiene la gente…). Durante varios años se dedica a cubrir sus paredes con unas pinturas oscuras, estremecedoras y muy expresivas. La verdad es que debía de dar miedo caminar de noche por la casa, con todas esas caras feas mirándote. Son obra de un hombre mayor y enfermo, pero que aún conserva su gran talento.

Todas esta serie de pinturas me parece muy interesante, pero mis favoritas son El Aquelarre y este Saturno.

Saturno, Cronos para los griegos, era un dios que se comía a todos sus hijos recién nacidos por temor a que le derrocasen. Es una alegoría del paso del tiempo, y es normal que Goya eligiese este tema en sus años oscuros de vejez.

 

Amalia de Llano y Dotres, condesa de Vilches, Madrazo (1853)

condesa de vilchesEste cuadro no puede ser más diferente al anterior. Es luz, belleza, coquetería. Y el motivo por el que me gusta es absolutamente banal. Sencillamente me parece bonito.

Madrazo, su autor, fue un artista muy reconocido y llegó a dirigir el Museo del Prado durante veinte años. Se considera esta su obra maestra, y no puedo ponerle ningún pero.

Tiene una fuerte influencia de la pintura romántica francesa pero con una sensualidad más española. Retrata a una mujer joven y bonita, con una perfecta piel blanca que ya quisiéramos cualquiera. El vestido, las joyas, la pose, todo es delicado pero estudiado. Y tiene una mirada directa, y esa media sonrisa tan simpática.

No sé, cada vez que la veo me cae bien, como si me imaginase de charleta con ella en una fiesta de la alta sociedad 😅

 

Doña Juana la Loca, Pradilla (1877)

Juana la Loca

Terminamos con un cuadro otra vez más oscuro y con una triste historia como tema.

Como ya sabréis, Doña Juana, hija de los Reyes Católicos, se casó con Felipe el Hermoso. Ella se enamoró completamente, pero él era un sinvergüenza mujeriego. En 1506 se convirtieron en reyes de Castilla y unos meses después él falleció en extrañas circunstancias (se dice que envenenado). Fue enterrado en la Cartuja de Miraflores (Burgos).

Pero entonces es cuando, al parecer, la reina se volvió loca. Ordenó que lo desenterrasen y organizó una comitiva para llevar el cuerpo a Granada, que es donde él quería ser enterrado. Eso implicaba en aquella época un viaje de ocho meses andando, en pleno invierno. Y para más inri con ella en la recta final de un embarazo. Vale, puede que se le fuese un poco la cabeza…

Pero como era la reina había que hacer lo que dijese, así que se pusieron todos en marcha. Como bien representa Pradilla en su cuadro, las caras de la gente que la acompañaba debían de ser un poema. Unos la miran con pena, otros con aburrimiento y otros con resignación. Aunque la figura más llamativa es la de la reina, en el medio de la escena, y con la mirada perdida. Qué triste y sola parece…

Para los que no sepáis el final de la historia, os contaré que su padre Fernando detuvo finalmente la comitiva y convenció a Juana para que desistiese de su idea. Qué buen hombre, ¿verdad? Sí, si no fuese porque la encerró en un palacio en Tordesillas con la excusa de que estaba loca y así reinar en su lugar. Historia que continuó también su hijo el gran emperador Carlos I. Qué cosas tan terribles se hacen por el poder.

46 años pasó encerrada sin que nadie se preocupase lo más mínimo por ella. No es de extrañar que la pobre terminara realmente loca…

 

Y con este cuadro concluimos el resumen de mis favoritos del Museo del Prado. ¿Algún otro que añadiríais vosotros a la lista? Y para los que no hayáis estado, ¿a qué estáis esperando? 😉

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